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Las ideas triunfan en la medida en que fracasan.
Las viejas ideas son prejuicios; las nuevas, caprichos. Ximenes Doudan
Las ideas envejecen más de prisa que los hombres. Gustave Le Bon
Toda idea que triunfa marcha a su perdición. André Breton
Por un lado, las minorías reflejaron un estado general de crisis con un vigor y una claridad de que la mayoría no fueron capaces. (Por "minorías" y "mayorías" no se entiende aquí respectivamente a los "egregios" y los "vulgares" o a "la aristocracia" y "el pueblo"). Pero tan pronto como empezaron a elaborar sus conceptos se formó en las minorías una especie de "consciencia de grupo" por el cual creyeron que la crisis les afectaba a ellas solas y que, por consiguiente, debían afrontarla con sus propios medios. De ahí el carácter ofrecido por las distintas "soluciones" modernas.
Hubo una crisis. Se incorporó a la consciencia de algunos hombres bien dotados para percibirla. Pero luego que reaccionaron ante ella mediante una solución, ésta resultó ser válida solamente para ellos mismos. Para que pudiese aplicarse a los demás, era necesario que la solución se simplificase y, desde el punto de vista de la minoría que la propuso, se "falsease". Esto nos explica un hecho frecuente en la historia: el de que las mayorías han adoptado para la solución - por lo menos intelectual- de sus conflictos, los aspectos descoyuntados, caricaturescos y, por tanto, "falsos" de ciertas ideas que al principio habían sido resultado de una esforzada elaboración intelectual de las minorías. Estas claman entonces: "No, no es eso". Pero se equivocaron: sus ideas eran, desde el comienzo, también "eso". Por tal motivo, puede formularse una proposición que tiene un aire paradójico: las ideas fraguadas por las "minorías", para solucionar una crisis, resultan viables sólo en la medida en que "fracasan". Se produce entonces una relativa estabilización de la sociedad. No va a durar mucho. A poco aparecen nuevas grietas reales, vitales e intelectuales que se ensanchan hasta que otras minorías, que llegan a percibirlas, formulan un nuevo "sistema" que responde a la nueva crisis. El proceso anterior se repite. Pero no del mismo modo. No sólo por el contenido de la crisis, sino también porque ni las mayorías ni las minorías permanecen en una relación numérica semejante. La crisis de los "pocos", aun no siendo sólo la manifestación de la desazón espiritual de algunos desocupados, afectó a un número relativamente escaso de hombres. La crisis de los "muchos" se extendió ya considerablemente por la mayoría y por la minoría. Y en la crisis de los "todos" no parece haber ya ni minorías ni mayorías, porque cada uno de los hombres de la sociedad - o poco menos -, siente a la vez la crisis real y la necesidad de superarla.
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